Los grandes cárteles del narcotráfico en México han incrementado en los últimos años el uso de drones con explosivos para atacar objetivos militares y civiles, marcando un salto tecnológico y táctico en su capacidad operativa, en un contexto de creciente presión de Estados Unidos contra estas organizaciones, de acuerdo con especialistas consultados por EFE.
Organizaciones como el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa —designadas en 2024 por Washington como grupos terroristas— han pasado de emplear drones únicamente para tareas de vigilancia a utilizarlos como armas letales con explosivos improvisados, detonables a distancia.
El analista de seguridad David Saucedo explicó que esta evolución tecnológica fue posible gracias a la contratación de “algunos ingenieros” por parte de los grupos criminales, quienes adaptaron estos dispositivos con bombas de contacto y mecanismos de detonación remota.
Según Saucedo, el uso de drones ofrece múltiples ventajas a los cárteles: bajo costo, capacidad de atacar a distancia, rapidez operativa y menor riesgo para sus integrantes, lo que ha convertido a estos artefactos en una herramienta recurrente en enfrentamientos armados.
Estos ataques han sido dirigidos principalmente contra instalaciones gubernamentales, objetivos civiles y en conflictos entre grupos rivales, generando un clima de mayor inseguridad y desplazamiento forzado en algunas comunidades.
La investigadora del Colegio de México (Colmex), Dulce Torres, advirtió que este fenómeno representa un “salto táctico” en la violencia criminal y modifica profundamente la estrategia contra el narcotráfico.
“Lo que más preocupa es la intimidación de la población. Literalmente usan los drones para provocar desplazamientos forzados y apropiarse de territorios”, señaló.
Además, alertó sobre la existencia de una “cifra negra”, ya que muchos ataques con drones no quedan registrados oficialmente.
De acuerdo con datos obtenidos vía solicitud de transparencia, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) documentó 16 ataques con drones y explosivos improvisados contra militares entre febrero y octubre del año pasado, principalmente en Michoacán.
Un desafío en medio de la tensión con Estados Unidos
Torres consideró que, en el actual clima de tensión entre México y Estados Unidos, contrarrestar los ataques con drones debería ser un objetivo compartido en la agenda binacional de seguridad.
A su juicio, este tema podría aumentar la presión de Washington sobre el gobierno mexicano para intensificar su combate a los cárteles, aunque también abre una oportunidad de colaboración, dado que Estados Unidos cuenta con tecnología antidrones más avanzada.
Sin embargo, advirtió que la debilidad institucional en México —con falta de personal y recursos— limita la capacidad del Estado para enfrentar eficazmente esta nueva amenaza.
Con información de EFE

